LA CHISPA




La "chispa". No es mío, lo he copiado de "Dias sin tí", de Elvira Sastre. Un libro sencillo, de fácil lectura y repleto de sentimiento. Lo elegí por el nombre del protagonista, Gael. Un nombre que ni sabía que existía hasta que se lo pusieron a mi nieto. Gael. Ahora me suena a música celestial, pero ese es otro tema.

Hoy empiezo una etapa nueva en mi blog. ¿Por qué?. Por nada en especial. No ha sucedido ningún acontecimiento destacable que me haya hecho tomar esta decisión. Simplemente porque el cuerpo me lo pide, y al cuerpo hay que escucharlo, y a menudo hacerle caso.

Llevo casi 40 años buscando mi "chispa". Eso que todos llevamos dentro al nacer. Ese pequeño destello que nos identifica, que nos distingue de todos los demás. Una lucecita que si la alimentas te va marcando el camino. Te desvela qué has venido a hacer. Hay gente que lo llama vocación, "la llamada", "el sentido de la vida", etc......Yo lo llamaba así, vocación, pero de eso hace muchos años. Reminiscencias de mi educación católica. Pero esto también es otro tema.

Ahora lo voy a llamar, "la chispa". Se lo robo a Elvira Sastre (se lo cojo prestado que robar está feo).

Si nos vamos al diccionario habla de "partícula encendida". Y una partícula es "una parte muy pequeña de alguna cosa". En definitiva una chispa es una luz muy pequeña. Algo diminuto que podría esfumarse con facilidad.

Asusta un poco saber que algo que puede definir toda tu vida es algo tan pequeño y fugaz.

Sin embargo la vida me ha demostrado que esa "chispa" puede que sea pequeñita, pero no es  ni fugaz, ni se desvanece con facilidad.

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto encontrarla?, es más, ¿por qué la mayoría de las personas ni siquiera saben que la tienen?.

Nacemos totalmente dependientes de nuestros progenitores, de un sistema educativo, de una sociedad.....y crecemos  bajo sus sombras, sus instrucciones, sus linternas que nos "guían", sus creencias, sus normas, sus miedos, sus expectativas, sus principios, sus razonamientos, sus conclusiones....¿sigo?? No, porque aunque no infinita si puede ser una lista muy larga la de los condicionamientos bajo los que avanzamos en la vida desde el día en que nacemos.

¿Y que nos queda ante esto? Pobre de nosostros. Niños, niñas, adolescentes que solo queremos que nos quieran. ¿Por lo que somos? . No, da igual, que nos quieran por lo que sea. Cumplir expectativas. Conducta positiva (aprendida, impuesta), lleva premio. Conducta negativa (propia, arriesgada), lleva castigo. Condicionamiento. Eso, o te vas. Te sacan. "Búscate la vida". ¿Qué vida?, si no me habéis dejado saber cual es mi vida. Claro que te hemos enseñado cual es tú vida, mira como el resto sí lo ha aprendido. Pero, ¿esa vida también tiene que ser la mía? Calla y tira.

Sobra decir, pero voy a decirlo, que cuando hablo de conducta negativa en ningún caso hablo de conductas que puedan perjudicar al otro. Yo soy de las que cree, posiblemente también por condicionamiento, que "la libertad de uno acaba donde empieza la del otro". Insisto, conducta negativa entendida como "toda aquella que se sale de lo establecido sin que por eso dicha conducta pueda perjudicar al otro o a uno mismo". Creo que con esta definición que acabo de inventarme queda claro de lo que hablo.

Y "la chispa" no se manifiesta, le da miedo "asomar el morro" por miedo a que la soplen y la apaguen para siempre. Y la persona nace, crece, se reproduce (o no) y muere sin saber que llevaba un tesoro dentro, una "chispa" que podía haber crecido e iluminado su camino. Un camino que era el suyo. Una "chispa" que nadie le permitió descubrir o una "chispa" que alguien logró apagar.

Empecé diciendo que llevo casi 40 años buscando la mía. Pues sí, no lo voy a negar, sigo en ello. A veces creo vislumbrarla y otras ni la huelo. Pero dos cosas si tengo claras. La primera es que llevo mucho tiempo trabajando para quitarme de encima todas las capas de "condicionamiento externo" acumuladas desde mi infancia que hacen que me cueste tanto ver  "mi chispa" con la claridad que me gustaría. Y la segunda es que al ser madre me comprometí a trabajar, muchas veces contra corriente,  para que mis hijos sí encontraran la suya, o por lo menos facilitar que así fuera.

El tiempo me dirá si lo conseguí.






 







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