VIVIR SIN MIEDO

 

Sin miedo a lo que pasará.

Sin miedo al vacío que deja lo que estaba y ya no está.

Sin miedo a equivocarte.

Sin miedo a perder.

Sin miedo a no poder.

Sin miedo a no saber.

Sin miedo a no querer y sentirte obligado.

Sin miedo, porque todo pasará. TODO. Lo bueno también, aprovéchalo.

Sin miedo a no encontrar, a no encontrarle/a, a no encontrarte.

Sin miedo al dolor, al sufrimiento.

¿Dejar de tener miedo?. No se puede. Al “miedo” hay que abrazarlo, mirarlo de frente, cogerle de la mano, hacerte su amigo, conocerle, no darle la espalda. Es inevitable, nos acompañará toda nuestra vida. Cuánto más le evitemos más  presente lo tendremos.

Yo intento acercarme a él. A veces de puntillas, a veces a las bravas. Lo identifico. Le pongo nombre, “miedo a ……”. Le pongo cara. Procuro hacerlo terrenal, lo cosifico. Procuro no confundirlo con otras emociones. No es fácil, se esconde detrás de tantas cosas.

Aceptarlo es el principio del camino, y el camino es lo único que tenemos. Un camino con final.

El miedo también es nuestro aliado. Sin él no sobreviviríamos. El miedo nos impide cruzar la calle con el disco en rojo, saltar al vacío, jugar con fuego.

El miedo nos empuja a huir del demonio. Un demonio de mil caras. Algunos reales y otros, la mayoría, producto de nuestra imaginación, de nuestra paranoia. ¿Cuántos males nos rodean? ¿Cuántos son verídicos y cuántos fabricados? Construimos nuestros propios miedos de manera inconsciente porque gracias a él no decidimos, no elegimos, no nos enfrentamos, no arriesgamos. Nos paralizamos.

A veces elegimos vivir así sin darnos cuenta. Creemos que es una forma de protegernos. “Virgencita, virgencita que me quede como estoy”. Si me quedo como estoy no vivo, me conservo. Como el atún en su lata. Si no se abre, ahí se queda, intacto.

Pero nosotros no somos “atún en lata”. No esquivamos el peligro tan fácilmente porque “la lata” se abre el día en que nacemos.

Desde ese momento arriesgamos. Podemos incluso no llegar ni a dar esa primera bocanada de aire. Podemos incluso no llegar a nacer. Es así.

Una vez escuché o leí, no recuerdo, una frase que se me quedó grabada. El 90% de las cosas a las que tenemos miedo nunca pasarán. ¡¡El 90% de nuestros miedos nunca se harán realidad!!

Qué pérdida de tiempo, ¿no? Tantos minutos dedicados a temer cosas que no pasarán.

VIVE, porque lo que tenga que pasar pasará. Ya tendrás tiempo de preocuparte y de enfrentarte. Mientras tanto, ese tiempo enorme que usamos para temer a ese 90% de cosas terribles que no pasarán, VÍVELO.

Es lo que hay.

Si alguien necesitaba una fórmula mágica en esta reflexión, pido disculpas. El día que demos  con la vacuna para vivir "sin temor a vivir", probablemente todo cambiará y el mundo girará de otra manera. Hasta entonces toca aceptarlo como compañero de viaje, de principio a fin. Y lo mejor que podemos hacer con un compañero de viaje es conocerle, aprender a convivir con él, e incluso, si nos ponemos espléndidos y valentones, quererle un poquito, con sus cosas buenas y malas, como hacemos con el amigo o el familiar de turno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario