Catorce días de aislamiento, catorce días sin ser capaz de escribir ni una frase que merezca la pena.
Catorce días sentándome delante del portatil, de mi cuaderno. Catorce días arrancando hojas, borrando párrafos.
Busco dentro y solo encuentro una maraña inmensa de emociones que se confunden entre ellas y no son capaces de salir ni por mi boca ni por mi mano.
Quiero llorar, quiero reir, quiero dar gracias, quiero maldecir, quiero saber de todos y a la vez no quiero saber de nadie.
Hablo con vosotros por el móvil, por el wasap, videollamadas, más que nunca, pero siento que sé de vosotros menos que nunca. No sé como estáis porque no sé cómo estoy.
Tengo miedo, rabia, esperanza, deseo. Me angustio, resisto, cuido, me cuido.
Quiero protegeros a todos, pero no me llegan los brazos. Quiero que sepáis que sigo aquí. No sé si os lo digo poco, suficiente o demasiado. No sé si os consuela o si os agobia.
Quiero seguir escribiendo pero no puedo, no sé. Las lágrimas que llevan un rato brotando me nublan la vista y quiero parar. Parar de pensar, parar de llorar, parar de escribir palabras que dudo me lleven a algún sitio.
Son lágrimas por el sufrimiento de mucha gente. Por la solidaridad de mucha gente. Son lágrimas al visualizar que esto acabará y no habremos aprendido nada. Son lágrimas por mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario