UN PELLIZCO DE TERNURA





Ocho y media de la  mañana. Ella sube por la acera y yo bajo. Se dirige al centro  donde va todas las mañanas, un centro de educación especial. Es una joven con síndrome de Down. A la hora que yo bajo hacia el metro ella y muchos como ella se dirigen hacia allí.

Esa mañana al cruzarnos ella observa unas palomas que comen migas de pan en el suelo y sonríe. Yo la observo a ella y sonrío. Me doy cuenta de que el sentimiento que hemos tenido ambas en ese instante es el mismo, el de la ternura. Ella la siente  por esos pájaros en los que yo nunca me hubiera fijado, y yo la siento por ella y por su sonrisa al verlos comiendo pan.  La ternura es un pellizco de felicidad en el corazón que si estás atento puede surgir por detalles tan minios como este, pero que hacen que algo en tu interior se despliegue, ¿felicidad? Da igual como lo llame, pero es gozoso y gratificante.

No son necesarios grandes acontecimientos, y esa es la grandeza de observar no solo con los ojos sino también con el corazón. Fue grande además porque no fué intencionado. No iba buscando detalles a mi alrededor que me hicieran sentir feliz. Me lo encontré. Por norma las personas con este síndrome despiertan en mi un sentimiento de cariño inmenso. Yo sé de dónde me viene, pero eso forma parte de mis experiencias más profundas y personales. Además eso no importa ahora. Todos llevamos dentro una historia de emociones que pueden despertar con cualquier estímulo por leve que sea, pero no estamos atentos. Demasiado preocupados por las cosas que podrán ocurrir y no por las que están ocurriendo de camino al metro.

Vivimos a oscuras y necesitamos grandes focos para alumbrar el sendero. Grandes acontecimientos, grandes noticias, grandes planes......y obviamos los pequeños detalles que uno a uno hilan una vida.

Es difícil caminar con el corazón abierto y la mente callada. No confiamos porque vivir no es fácil. Eso nos han dicho y además es cierto. Trajinamos constantemente pensamientos en nuestra cabeza para asegurarlo todo, para defendernos de todo y de todos, y así día tras días nos perdemos al otro, lo otro. Nos perdemos lo pequeño, lo insignificante, nos perdemos esa sonrisa a unas palomas, esa ternura que emana de cada gesto que sale del corazón, esas pequeñas cosas que sumadas son muchas, esos pellizcos de ternura que te hacen humano.

                                                                                                                Para Laura, un pedazo de mi.



3 comentarios:

  1. Que bonito hermana.... Laura hubiera tenido mucha suerte de tenerte como madre :) y amor no le hubiera faltado en toda la familia. Un beso!!

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