Para alcanzar un objetivo vital primero hay que soñarlo.
Tienes que sentir que ese tu destino. Que esa vida a la que aspiras en realidad te pertenece. Que es donde debes estar y a lo que debes estar.
Soñar dirige tus pasos hacia ese lugar. Cada acción, cada
gesto, cada palabra, cada decisión debe tener una sola dirección.
Tardarás en llegar, es muy probable, pero llegarás, porque aunque aún no te lo creas, solo está en tus manos alcanzarlo. Y que nadie te quite la esperanza. Que nadie te diga “no es posible”. Mienten. Quizás ellos no soñaron, o quizás lo hicieron pero fracasaron porque solo era eso, un sueño y no un proyecto de vida.
Pero primero hay que soñarlo.
Soñar, soñar y soñar. No es de locos ni de inconscientes. Es
de valientes. Si dejas de soñar dejarás de intentarlo y nunca saldrás del lugar
dónde no quieres estar.
Necesitas soñar para no perder el norte, “tu norte”.
No tienes porqué conformarte.
Tarde o temprano descubrirás que para estar ahí, dónde necesitas estar, hay que romper con algo. Te entiendo, no es fácil, pero siempre hay que romper con algo. Una pareja, un amigo, un trabajo, un grupo, una creencia, un hábito, una rutina, una forma de vida…. Ese algo que te impide avanzar y ser tú mism@. Que te obliga a hacer lo que no quieres. A decir lo que no quieres. A pensar como no quieres. Aquello que secuestra tu mente día y noche y te convierte en su esclavo.
Por eso son decisiones que en principio solo se sueñan y se
sueñan en silencio. Cuesta trabajo compartirlas porque si se verbalizan pueden transformarse en
imposibles.
Te dejo, lo dejo, os dejo. ¿Y luego?
Da miedo, lo sé. No os culpo. No me culpo.
Pero la vida pasa, los años pasan y ahí seguimos, paralizados, inmóviles, agarrados a lo que podemos tratando de sentirnos “seguros”. "Tampoco es tan terrible". “Virgencita que me quede como estoy”. “Los hay que están peor”.
Y dicho tras dicho, frase tras frase, sentencia tras sentencia, los sueños se van
desvaneciendo. "Me conformo". "Es lo que toca", e incluso a veces, y esta es la peor conclusión de todas, "es lo
que merezco" o " me lo he ganado".
Cuando dentro de 10, 20, 30 años eche la vista atrás y me
pregunte, ¿qué tendría que haber cambiado para no estar dónde estoy? Ahí estará la respuesta. Hagámonos la pregunta hoy, no esperemos a mañana.
En mis manos y en las tuyas, está transformar esa pregunta
por otra, ¿qué tuve que cambiar para estar donde he querido estar? ¿Con qué tuve
que romper? Quiero que esta sea la pregunta que me haga dentro de unos años.
No es un sueño, es nuestra vida, la que queremos vivir, pero
primero hay que soñarla. Hay que hacerlo para no perder el rumbo, el nuestro de
verdad, y nunca desistir.
Soñar es gratis, cierto, pero seguramente las decisiones que debas tomar para llegar a convertirlo en realidad no lo sean. ¿Merece la pena?.
Eso ya es decisión mía.
Eso ya es decisión tuya.
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