Dejamos de creer en las personas, en los momentos, en los
proyectos, en el presente, en el futuro.
Dejamos de creer en las promesas, en el esfuerzo, en el
karma, en las consecuencias de lo que hacemos y no hacemos, en la buena
voluntad, en la justicia, en lo divino.
Dejamos de creer en nosotros mismos. Aquí tocamos fondo.
¿Y por qué?
Porque detrás de cada creencia hay una expectativa construida,
un resultado previsto e imaginado que en la mayoría de las ocasiones no se
cumple. Como consecuencia dejamos de creer cuando no recibimos lo esperado.
Decepción. Frustración. Rabia. Desconfianza. Dejar de creer.
Se me ocurre un ejemplo muy apropiado en estas fechas tan
especiales. LA NAVIDAD.
Durante dos meses antes del inicio oficial de dicho
acontecimiento, 24 de diciembre, nos van comiendo la “sesera” sobre lo felices
que seremos, lo mucho que nos querremos y lo bien que lo pasaremos, cuando en realidad
lo que subyace es: “prepara tu paga extra, tu tarjeta de crédito o accede a un
mini crédito si quieres cumplir con esa “falsa expectativa” de felicidad
obligada que te están vendiendo.
Y arrancan las Navidades. Y debes ser feliz. Y querer más
que nunca a todo el mundo. Y ver muchas luces y belenes. Salir. Comprar.
Regalar. Que te regalen. Y evidentemente no todo esto sucede por mucho que te
esfuerces por cumplir con el objetivo de LA NAVIDAD, ser feliz, que utopía.
Decepción. Frustración. Desconfianza. Dejar de creer.
Y así con todo.
Cuando creemos en algo o en alguien es porque esperamos resultados
que nos complazcan a nosotros de ese algo o ese alguien.
Expectativas. Controlar lo que va a ocurrir. Controlar al otro.
Controlar las circunstancias.
Es muy difícil no esperar un resultado favorable cuando hacemos cosas
o nos relacionamos con las personas pensando solo en ese resultado.
Es terriblemente complicado no esperar del otro que se
comporte como tú necesitas que lo haga cuando crees estar actuando en
consecuencia para que así sea.
Es muy frustrante esperar que ocurra lo deseado cuando tú
has dado los pasos que creías adecuados para conseguirlo y sin embargo no ha ocurrido.
Actuar sin esperar. Disfrutar y creer en lo que hago y en
los que me rodean sin otro fin.
Propósito para el 2021 que, por supuesto, también fue el del
2020, 2019,2018……. pero da igual, porque lo importante es saber que las
expectativas matan el presente y distorsionan la realidad de lo que vivimos.
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