OCHO DE LA TARDE



Aplausos, sirenas, trompetas, el himno nacional. Ventanas, balcones y terrazas llenas de hombres, mujeres y niños que puntuales salen a la cita, ¡¡salimos!!
No seremos todos, pero somos muchos y probablemente muy diferentes.
Nunca me imaginé aplaudiendo a la Policía Nacional o a la Municipal desde mi ventana. Ni aplaudiendo al son del himno de España mientras un policía nacional baja de su coche con sus guantes y su mascarilla ondeando una bandera española. Bien es sabido lo poco amiga que soy  de himnos, banderas y autoridades. 
Pero es que me lo pide el cuerpo. Me pide unirme a mis vecinos de enfrente, a los de abajo, a los de al lado.  Necesito hacer piña con ellos, porque difícilmente volveremos a empatizar tanto los unos con los otros. Nos une a todos, por primera vez, un objetivo que no es que la selección española gane un mundial o un europeo. Nos une algo serio. Nos une quedarnos en casa para salvar vidas. Nos une haber parado en seco para que nuestro sistema sanitario no colapse más de lo que ya lo ha hecho y para que el número de muertos no sea más escandaloso de lo que ya es.
Nos une el aislamiento, el PAUSE. El echar de menos. El miedo. La incertidumbre. Nos une un pedazo de historia que se redactará en los libros del mañana.
Nos une la esperanza, el agradecimiento. Nos une estar pasando por lo mismo. Aquí no hay clases sociales, ni razas, ni nada que nos haga diferentes.
Me da igual tener de fondo unas sirenas, un himno o una jota aragonesa. Lo importante es sentir que es posible estar todos a una.
Aplaudimos a los sanitarios, a las fuerzas de seguridad, a los bomberos, a los motoristas que llevan comida a los domicilios y que en ese momento pasan por la calle. Aplaudimos para animarnos, para empujarnos a seguir, para saber que no estamos solos y que hay gente dedicando horas y horas en cuidar a los que van cayendo. Aplaudimos a las familias que han perdido seres queridos y no han podido despedirse. Aplaudimos a los que han pasado el Covid19 en sus casas aislados y con la incógnita de cuánto durará y si saldré de esta. Aplaudimos a esos padres con niños agotados de inventar e imaginar. A nuestros mayores, los más vulnerables. A los voluntarios que llenan las listas de espera para poder ayudar en lo que sea. Aplaudo a la parte más humana de la gente que ha necesitado de una pandemia para manifestarse.
Y después de aplaudir miro al cielo y pido con todas mis fuerzas que la solidaridad y la empatía no acabe con el Covid19. Que todo este sufrimiento no sea en vano. Que de una vez por todas seamos capaces de vivir sabiendo que no estamos solos, que necesitamos al otro y que el otro nos necesita. Que la tragedia que vivimos no vino con este virus, que ya viene de antes. Que ya había gente pasándolo mal. Que las guerras ya existían, y el hambre, y la soledad……
Ha hecho falta un acontecimiento que afectara a todo el planeta para darnos cuenta de que la vida pende de un hilo muy fino. La nuestra, la de todos.

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